Opinión

LA CHAMPIONS, OTRA VEZ

El Barça debutará este martes en Champions ante el peor rival posible. El equipo que le endosó una goleada histórica y acabó de certificar el descalabro del club culé. Será una oportunidad única para reivindicarse y mostrar si los aires de cambio que se atisban son verdaderos.

Como si estuvieran atrapados en un bucle temporal, la Champions aparece cada año para recordarle a este equipo dónde está su límite. Esta temporada, el azar ha recreado la escenografía perfecta para aquel que tiene miedo de volver a reencontrarse con su pasado. El estreno será ante el rival de la ‘zona cero’. En Lisboa, la última vez que se enfrentaron Barça y Bayern, se dio el estrepitoso 2-8. El culmen de una trayectoria por el abismo que todavía perdura.

Desde que se lograra la última Champions en 2015, la andadura europea del Barça ha sido un martirio. Eliminación ante el Atlético, 4-0 del PSG, 3-0 de la Juve, 3-0 de la Roma, 4-0 del Liverpool, 2-8 del Bayern y el último 1-4 del PSG. Con estos resultados, queda muy claro que esta competición te deja en evidencia. Sin reparo ninguno, te desenmascara y te hace ver que tu techo competitivo es mucho más bajo de lo que pensabas. Pero en cambio, a veces también te muestra cuál es el camino a seguir, lo vimos con el Chelsea hace bien poco. El problema es que el Barça se ha mantenido inestable psicológicamente para poder afrontar cualquier tipo de mejoría.

El único motivo por el que los aficionados blaugranas mantenían un atisbo de esperanza en Europa se llamaba Leo Messi. Pero todo se desmoronaba cuando equipos como el Bayern te recordaban que los grandes títulos los ganan siempre los clubes que juegan de manera conjunta. Messi ha tirado del carro hasta la extenuación, pero nunca nadie ayudaba a empujar. Este año el Barça no tendrá a su ‘as’. Tendrá que aprender a competir en Europa de una forma distinta. Mirar con otro prisma los grandes partidos para así llegar a ser un equipo reconocible.

La nota positiva de este grupo es que es muy joven. La inocencia del primerizo, del jugador que se está estrenando, juega a favor de un equipo al que no paran de acecharle fantasmas del pasado. Los chavales tienen la ventaja de no estar contagiados de ese negativismo que ha impregnado el vestuario culé estos últimos años. La cuestión será saber si el entrenador se atreverá a ponerlos, o apostará por lo mismo se siempre.

Koeman demostró la temporada pasada ser un técnico algo acomplejado. Incapaz de imaginarse compitiendo ante los grandes, prefiere colgarse el papel de equipo pequeño y que sean los otros los encargados de proponer. Algo que nunca ha funcionado en Barcelona. El Barça solo ha ganado cuando ha sido atrevido y ha practicado un fútbol reconocible. Un equipo que no entiende de épicas y que encuentra en el juego el escudo perfecto para protegerse y poder aspirar a los títulos. La de mañana es una buena prueba para saber si siguen encerrados en su pasado, u optan por cambiar de rumbo sin miedo a las consecuencias.

EMILIO VALENZUELA

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