Opinión

UN BUEN VINO PUEDE CON TODO

Laporta sabe que no puede despedir a Koeman. La grave situación económica del club obliga a tener que confiar en el holandés una temporada más. Eso sí, este estará obligado a transformarse.

Laporta se reunió con Koeman el pasado martes 25 de mayo en las oficinas del Camp Nou. En la charla, que duró en torno a una media hora, ambos hicieron un breve balance de la temporada que recién terminaba. Pero a veces, treinta minutos dan para mucho. El presidente tuvo tiempo para transmitirle al holandés que él no era su entrenador idóneo. Incluso le pidió una prórroga de quince días para poder buscar a otra figura que representara de manera más fehaciente el fútbol ‘cruyffista’.

Koeman, sabedor de que su contrato todavía no expira, se aferra a su silla y, aunque molesto por las formas, aguanta el chaparrón con la esperanza de que pronto lleguen tiempos mejores. Confiado y dispuesto a aguardar hasta que Joan desista y claudique. Y es que el presidente reconoce que despedirle es una jugada que el club ahora mismo no puede asumir. Tendrían que pagar cerca de trece millones, por lo que sale más barato sentarse con un buen vino, y explicarle cuáles son las directrices que debe seguir un entrenador para que el Barça vuelva a ser reconocible.

De no ser por el finiquito, lo más fácil y la vía más rápida hubiera sido el cese. Contratar a un entrenador que sienta de verdad el juego del Barça sin necesidad de incrustárselo con calzador. Y en esas estaba Laporta, rastreando el mercado mientras dejaba mensajes en el buzón de voz de Guardiola. La joya de la corona del ‘cruyffismo’ sigue siendo el sueño húmedo del mandatario culé. El problema está en que el de Sampedor, al menos esta temporada, no tiene pensado moverse de Manchester. Aunque sabe que su amigo Joan seguirá insistiendo.

Llegados a este punto, sin posibilidad de despido para Koeman porque Bartomeu lo dejó atado, y bien atado, no queda otra que sentarse y entenderse. Después de un ambiente tenso en la primera cita, Laporta espera reunirse de nuevo con el holandés para reafirmarlo en el puesto y terminar de unificar criterios. Aquí está el meollo del asunto.

Al parecer, según los compañeros del Què T’hi Jugues, Laporta le habría comunicado a Koeman que debe hacer un fútbol más ofensivo y cree que es necesario volver al sistema de 4-3-3. Es notorio el buen gusto del presidente por la pelota, pero no creo que sea muy buena idea decirle a un entrenador cómo tiene que jugar. Lo ideal sería tener a alguien que sienta lo mismo que tú sin necesidad de imposiciones. Pero claro, con el finiquito de por medio, no queda otra que charlar con un buen vino, y confiar en que Koeman se transforme en un ‘cruyffista’ empedernido.

EMILIO VALENZUELA

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