Análisis

Con Gotemburgo vamos a soñar toda la vida

Fotografía: UEFA

Un domingo en Suecia tocó el cielo el equipo de niñas a las que no les pesan los escenarios, ni las camisetas, ni las pruebas porque sus sueños flotan y eso que ellas están viviendo es producto de ilusiones y luchas que nunca mueren. Un grupo forjado en la amistad, en la teoría que las mejores amigas te las regala la pelota y en la otra, que los mejores momentos de la vida duran 90 minutos. 

Estereotipos superados, menosprecio aguantado, sueños cumplidos. Todo el honor a ellas. 

El Barça tiene tan presente de dónde viene, los recuerdos son frescos y los miedos quedaron ausentes, los dejaron en los campos compartidos con los de rugby o en los uniformes pasados por el filial. Y es que faltaron espejos pero nunca hubo complejos, siempre han sido tan libres que ahora no saben ser de otra forma y eso sin la obsesión mediática y el distorsionado modelo del futbol masculino son un respiro de aire fresco, de algo real. Una sección que aprendió que nunca se pierde, que desde que las arroparon con cariño y tutela en los valores, estilo e ideas sólo supieron ganar. Incluso terminando abajo en el marcador. Un patrón que se repitió en Budapest, dónde no se confirmó pero el Barça se hizo campeón ahí. Un partido que cambió sus vidas, el partido más largo que terminó en Gotemburgo con el alivio y la felicidad más alta que han sentido.

Así tras años de jugar en el fango, el Barça elevó su juego al digno mejor del continente, quizá del mundo y claramente el más reconocible de toda la institución. Pero un camino de años, de convicción y de abrazar un modelo de juego que no soltarán ni las soltará jamás. Una constelación fruto de creer, de perseverar en una idea, de trabajar con ella, de un compromiso brutalmente arraigado hasta convertirse en la sección/equipo modelo. Que no empezó con estas estrellas, que más bien la forjaron muchas otras que no llegaron a ser estrellas pero igualmente brillarán siempre porque sin ellas no tocaríamos el cielo.

El Barça femenino es honestidas y entrega a la mayor pureza del futbol. Incluso se puede llenar de nombres como el entrenador revolución en Lluís Cortés, las eternas Vicky Losada y Melanie Serrano, la mayor referente en Alexia Putellas, los fichajes en Lieke Martens y Caroline Graham Hansen, el cerrojo en Mapi León o el ejemplo de la Masía en Aitana Bonmatí. Pero sería injusto porque el éxito está en las formas del colectivo, lo que son cuando están juntas. Un equipo plagado de certezas que se propuso ahogar todo tipo de dudas hasta ser capaces de transformar cada adversidad en confianza. Una muestra de amor propio que inspira. 

Se puede explicar desde el invariable dibujo 4-3-3 con un funcionamiento —casi— utópico. Interiores, extremos y 7 más. Build-up limpio, crear espacios y buscar a la ‘tercera mujer’. Pero es más bonito equipararlo a lo que es ver tu película favorita por milésima vez o escuchar tu canción favorita una vez más porque disfrutas lo que es, lo reconoces y lo quieres. Una cosa más que te ilumina los ojos cuando lo ves es mejor explicarlo o intentarlo desde lo intangible o lo romántico. 

Al final en cada paso de su cada vez más bonito camino hicieron un homenaje al futbol de calle y un regalo a las tantas niñas que soñaron en silencio con el partido que nunca vieron. Y seguro vendrán muchas más, copas de Europa y referentes, pero con Gotemburgo vamos a soñar toda la vida.

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