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NINGÚN TÍTULO ES BALADÍ EN ESTE BARÇA

FC Barcelona y Real Sociedad disputarán esta noche en Córdoba la primera semifinal de la Supercopa de España. Será el segundo año en el que esta competición se lleve a cabo a través del formato de ‘Final Four’, enfrentando a campeón y subcampeón de Liga y Copa del Rey respectivamente.

El Barça llega a la cita en su mejor momento desde que Koeman llegó al banquillo culé. El holandés parece que por fin ha dado con la tecla después de combinar multitud de esquemas diferentes. Rendido -casi por obligación situacional- al 4-3-3, Ronald ha conseguido encontrar huecos suficientes para aglutinar y exprimir el talento de sus jugadores. La nueva disposición de las piezas atacantes ofrece a Messi un panorama mucho más esperanzador que en épocas anteriores. Con Dembélé actuando de extremo sobre la línea; Griezmann jugando entre central y lateral derecho; Jordi Alba casi de carrilero; y un centro del campo más poblado y escalonado que sirve de eslabón para que la pelota llegue a zonas peligrosas sin demasiado esfuerzo.

El conjunto dirigido por Koeman comienza a fluir y ha encadenado cuatro victorias consecutivas por primera vez esta temporada. El juego es alegre y muestra ápices de esperanza gracias a jugadores jóvenes que están dando un paso al frente y están llevando al equipo a un escenario al que le era imposible llegar otras temporadas. Ahora hay predisposición tras perder la pelota y Messi tiene socios que, desde la salida de Neymar o Iniesta, no había encontrado. Pedri ha surgido de la nada, como esa hierva que nace donde menos te lo esperas y acaba alegrando y dando color a un lugar triste y solitario. Se ha convertido en el mejor socio del diez, que le entiende y lo busca continuamente, sabedor de que el canario responde y se la devuelve con ventaja.

Es por eso que esta Supercopa, aunque a muchos les parezca un simple pasatiempo, es en realidad una oportunidad única. Un termómetro que servirá para medir las aspiraciones de este Barça. Porque es estos escenarios donde el equipo se ha derrumbado en los últimos años. Dar un golpe sobre la mesa puede acabar prendiendo la mecha que haga despegar definitivamente a los culés. Un conjunto necesitado de estímulos positivos para poder quitarse de una vez por todas la losa de mártir que lleva sobre su espalda desde la Champions de 2018. La Roma lo eliminó después de endosarle un 3-0 histórico. Una herida que, en lugar de cerrarse, se ha ido agrandando hasta llegar al famoso 2-8 del Bayern. Así que, para sanar la mente de este Barça, ningún título es baladí.

EMILIO VALENZUELA

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