Opinión

EL BARÇA Y LA MONTAÑA RUSA

Cerca de Barcelona, más concretamente en PorAventura, se encuentra una de las montañas rusas más grandes de Europa. Una atracción de 76 metros de altura llena de subidas y bajadas que provocan un vaivén de sensaciones en el estómago del osado que se atreve a montarse. Cuando termina el recorrido y te bajas, puedes salir entusiasmado por el subidón de adrenalina que te ha provocado o, de lo contrario, puedes acabar acordándote de la familia del amigo que te obligó a subirte. No hay término medio.

Algo parecido es lo que ocurre cuando terminas de ver un partido del Barça. Un domingo se muestra como un equipo con automatismos y recursos como para poder disputar y competir en partidos en los que antes no llegaba ni a presentarse. Y al otro, vuelve al mantra de aquel equipo lento, errático y anticompetitivo que vagabundeaba por los estadios europeos. Tampoco existe el término medio con este Barça de Ronald Koeman. Es una montaña rusa.

Cuando ha mostrado su mejor versión -algo que no ha ocurrido con mucha frecuencia-, se ha visto a un equipo capaz de competir en escenarios osciles en los que antes caía a las primeras de cambio. Tenemos el ejemplo de los partidos fuera de casa en Champions. El conjunto de Ronald parecía haberse adaptado a las exigencias de la máxima competición europea. Ha mostrado síntomas de equipo grande al que solo le falta despegar para ponerse en modo ‘apisonadora’. Y es que este año cuenta con una serie de futbolistas que aportan un frescor necesario en el vestuario y en el campo. Cuando la cosa fluye, vemos que la pelota viaja a una velocidad óptima; observamos cómo los laterales ejercen de puñales en los costados; Messi tiene ‘socios’ por dentro; y en defensa hay una contundencia que ya se echaba en falta.

Estos aspectos, aunque parezcan simples, ya hace años que se habían perdido. El Barça se había convertido en un equipo previsible y lento. Incapaz de competir ante situaciones adversas y superado por equipos que imprimen intensidad en todas sus acciones. Ahora, el conjunto culé cuenta con las singularidades necesarias como para volver a ser temido en Europa. Si nos fichamos en los mejores partidos de esta temporada, estos son mucho mejores que las actuaciones más destacadas de campañas anteriores. Pero, entonces, ¿cuál es el problema?

Pues que Koeman no es capaz de dotar al equipo de la continuidad necesaria. El buen juego no se repite con asiduidad y da la sensación de que el Barça tiene dos caras. Una, la buena, aparece normalmente cuando no juegan con la presencia de dos pivotes en el medio; cuando sobre el campo está Pedri; cuando los metros del terreno se exprimen al máximo; y cuando hay tensión en los duelos defensivos. La otra, la cara ‘B’, se manifiesta -aunque me duela decirlo- cuando Coutinho hace las funciones de organizador; cuando se juega sin un nueve de referencia; cuando las jugadas de ataque se repiten siempre por el centro y en exceso por banda izquierda; y cuando el sistema es de 4-2-3-1.

Veremos si finalmente el equipo puede terminar de afianzarse en el escenario que le proporciona su cara ‘A’. De esta forma, sí podrá aspirar a competir mirando a la cara de sus rivales. Porque tiene jugadores dotados para dominar desde el plano físico y técnico. Porque tiene a Messi y a Pedri. Solo falta que Koeman acabe de dar con la tecla y a partir de ahí construir. A ver qué versión toca mostrar el próximo partido

EMILIO VALENZUELA

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