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PEDRI, Y EL RETO DE IR A POR FAENA

El todavía juvenil del Barça, debutó el pasado sábado como titular en el campo del Getafe. Ayer lo hizo en Champions. Además de marcar su primer gol como culé, deslumbró a todos por sus formas y su facilidad para leer el fútbol. Por delante, toda una carrera para acabar siendo recordado, u olvidado.

En una entrevista de El País, Xavi recordó las palabras que un día le dijo un sabio. “¿A usted qué le gusta? ¿El fútbol bonito o el fútbol bueno? Usted deme el fútbol bueno. El bonito, sí, pero para engañar a cuatro. ¿Qué filigranas hace Messi? Nunca hace filigranas. Messi va a por faena. Messi es el fútbol bueno, que a la vez es tan bueno que se hace bonito”. Este erudito del deporte balompédico, al que no impresionarían ni los regates del mejor Ronaldinho, era don Luis Aragonés. El histórico técnico de Hortaleza sabía muy bien de lo que hablaba. Conocía mejor que nadie la volatilidad de este deporte. Innumerables futbolistas que impresionaban y que, por olvidar cuál era realmente su faena, quedaban perdidos en el abismo de los videos de skills de YouTube.

Okocha, Denílson, Djalminha, Robinho… Todos estos futbolistas tienen algo en común. Son amantes de lo inverosímil. Viven aferrados al dicho de que, “ningún camino fácil te llevará a algo que merezca la pena”. Ellos prefieren estar sobre el alambre. Por eso, si tienen un pase sencillo para el compañero, siempre van a optar por hacer justo lo contrario. No importa que el partido vaya cuesta arriba. Ni que su entrenador esté al borde de un ataque de nervios. Ellos seguirán inmersos en su partido, anárquicos, como si estuvieran jugando en la calle, aunque en realidad estuvieran haciéndolo en el Bernabéu o en San Siro.

Ese riesgo que asumían, ha supuesto que, al recordarlos, hablemos más de lo que podían haber sido, que de lo que fueron. Pero hay otros casos de futbolistas que sí supieron adaptarse a lo estipulado por las leyes no escritas del fútbol. A pesar de que su juego mostrara a las claras que, a veces, se sentían encorsetados por sistemas y tácticas que no permitían sacar al genio que llevan dentro. Zidane, Riquelme, Iniesta o Messi, son el claro ejemplo de jugadores de barrio, cancheros, que nunca olvidaron cuál era su propósito: jugar y disfrutar, pero, sobre todo, ganar. Y para ello, si tenían que sacrificar una filigrana, lo hacían. Ponían al estadio en pie sin siquiera pretenderlo. Ese era su mérito. No querían hacer una ruleta para deleitar al aficionado. Simplemente, ese era el único camino para poder dar una asistencia o para poder quedarte mano a mano contra el portero. Muy pocas veces se excedían.

«Y para ello, si tenían que sacrificar una filigrana, lo hacían. Ponían al estadio en pie sin siquiera pretenderlo. Ese era su mérito«

El mundo del fútbol está lleno de jugadores olvidados que descuidaron cuál era el camino correcto para ser recordado como uno de los grandes. Seguramente, en el transcurso, se perdieron por una pista de barrio o por un terreno con dos árboles que servían de portería. Buscando la felicidad de sus orígenes, se olvidaron de ir a por faena. Hoy en el Barça, hay un chaval de 17 años llamado Pedri, que se ha empeñado en ser recordado. Enclenque, y con las medias por debajo de los gemelos como Jack Grealish, tiene esa aura de futbolista ilustrado.

El pasado sábado debutó como titular en Primera División, ayer lo hizo en Champions. Y parece que lleva diez años en la élite. Su juego muestra una fluidez y una naturalidad impropias de alguien que, hace dos años, estaba pisando la pelota en las pistas del municipio tinerfeño de Tegueste. De las zonas más concurridas del campo, donde los espacios se estrechan por culpa de defensas y centrocampistas rivales, Pedri sale indemne con una facilidad pasmosa. Esquiva los enjambres de piernas con controles orientados, regates con el cuerpo, conducciones, pases filtrados y acierto en la toma de decisiones. Aspectos básicos del fútbol, pero que, en realidad, son los más difíciles de ejecutar. El joven canario parece manejarlos de forma innata, como si se hubiera criado en La Masía.

Hacer fácil lo difícil. Esa es la consigna que Pedri tiene grabada a fuego. La suerte y su compromiso ético con los valores del fútbol bueno, marcaran el devenir de la carrera de un jugador que apunta a ser recordado. Su reto, mayúsculo si nos remitimos a lo acontecido en este deporte, será no perderse en las excentricidades y aclarar el camino que te lleve a la faena. Esa que hace grandes a los futbolistas. Si escucha las palabras de Luis Aragonés, seguramente, todo será más sencillo.

EMILIO VALENZUELA

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