Crónicas

ASÍ SE FORJAN LOS GRANDES EQUIPOS

El Barça deja a las claras cuál es su carta de presentación. En un campo maldito y con condiciones adversas, el equipo resiste, se muestra sólido, y consigue una importante victoria.

Después de realizar una buena actuación en el Camp Nou ante el Villarreal, el Barça llegaba a Balaídos con la necesidad de demostrar que el equipo es capaz de competir también fuera de casa. Y eso que el ambiente invitaba precisamente a lo contrario. Parecía que el invierno había llegado a Vigo. El frío y la lluvia creaban un ambiente temible que hacía presagiar una noche complicada para los culés. El Barça no ganaba en este campo desde hacía cinco años. Aquí ha sufrido varias de las derrotas más humillantes de los últimos años en liga. Era, por así decirlo, como su Anfield o Roma, pero del campeonato doméstico.

Koeman presentaba un once sin variaciones con respecto al de la jornada pasada. Se nota que el técnico holandés quiere crear una base sólida, que asuma y se empape de los automatismos que quiere ejecutar. Y parece que no le está saliendo nada mal este planteamiento.

Desde que la pelota comenzó a rodar, el Barça fue el amo y señor del encuentro. De nuevo con esa presión alta, y con una circulación de balón muy rápida, el Celta no era capaz de conectar con sus hombres de arriba. El buen hacer de los culés tendría su efecto de forma temprana. En el minuto once, un pase de Coutinho en la frontal llega para Ansu Fati, que con un amague y un control orientado, deja atrás a su marcador para poner el 0-1. Un golazo de jugador de primer nivel mundial. Emulando en los movimientos al mejor Samuel Eto’o.

El uno a cero fue obra de Ansu Fati.

Los protagonistas del primer gol estaban marcando las diferencias en la primera parte del partido. De estos dos futbolistas se nutría el juego de un equipo que se encuentra y se mueve mucho mejor de lo que lo venía haciendo años atrás. Ahora, además de defender juntos, cuando salen al ataque lo hacen con un peligro punzante y con una menor dependencia de Messi.

Todo parecía estar bajo control hasta que, en un balón largo para Denis Suárez, Lenglet se cruza con el brazo en su camino. Segunda tarjeta amarilla para el central y expulsión. Todo lo que habían construido el equipo durante 42 minutos, parecía desvanecerse de un plumazo. Tendrían que jugar toda la segunda parte con diez.

El sacrificado tras la expulsión fue Griezmann. Entró al campo un Araujo que cada vez parece estar más sobrio y con mejor pinta para ser un futuro central del Barça. Hizo prácticamente todo bien. A pesar de los contratiempos, el equipo resiste con una actitud que hacía tiempo que no mostraba. Koeman coloca dos líneas de cuatro y deja arriba a Messi. De las botas de este saldría el segundo gol. Después de zafarse de dos defensas con un eslalon marca de la casa, su centro golpea en Olaza y acaba colándose en la portería.

Gol en propia de Olaza después de un jugadón de Messi.

El partido está 0-2 y el Barça juega con un jugador menos. Koeman, lejos de tirar de racanería y amarrar el encuentro, da entrada en el minuto 72 a Pedri y Trincao. Los dos chavales han mostrado implicación máxima y compromiso defensivo. Después, cuando tenían la oportunidad de tocar cuero, siempre han tomado la mejor decisión.

El Barça se defendía ya con uñas y dientes. El cansancio comenzaba a hacer mella y el Celta empezaba a encontrar espacios hasta antes nunca vistos. Así llegó su mejor oportunidad, con un disparo al larguero de Gabriel Novas. Pero los culés, cada vez que lograban salir y conectar con un Messi que ejercía de boya, creaban situaciones de peligro.

Probablemente, la jugada que mejor resume el cambio de actitud de este nuevo Barça, se produjo en el minuto 83. Con un jugador menos y un marcador de 0-2, Piqué y Jordi Alba corrieron en tromba para hacer el tercero. Poco importaba la situación del partido, el equipo quería más. Y así fue. En el tiempo añadido, otro jugadón de Messi que despeja Iván Villar, el balón cae rebotado para Sergi Roberto que, de bolea, marca el definitivo 0-3.

El Barça muestra cuáles son sus credenciales. El compromiso y la implicación han cambiado para mejor, y ahora sobresalen por encima de las individualidades. Este es el camino. Así se forjan los grandes equipos.

EMILIO VALENZUELA

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